Zeus, el padre de los dioses y de los hombres

Todos los pueblos veneran siempre a un dios con mayor devoción que a los demás. Tal es el caso de los indoeuropeos, cuyo dios del cielo, por sus atributos, pasó a ser considerado el «todopoderoso».

En la mitología griega Zeus consiguió alzarse con el supremo poder del Olimpo y se convirtió en el dios de la luz del día, del cielo y de los fenómenos atmosféricos: divinidad suprema, soberano de dioses y de hombres, que lo conoce todo, tanto el presente como el porvenir. Dueño de un poder sin límite, sabio, justo y bueno, es el dispensador de toda soberanía y establece el destino del Universo, por lo que con él se relacionan directamente las Parcas o Moiras.

Iconografía. Como dios soberano, Zeus ostenta el cetro y el trono. En su ámbito celeste y de los fenómenos atmosféricos le es propio el rayo y el águila. Finalmente como dios supremo se le asocia a la victoria (nike).

cetro|trono|águila|rayo|nike

Sus aventuras amorosas

Teniendo en cuenta estas características y su privilegiado lugar dentro del panteón griego, no es extraño que la mitología referida a Zeus sea muy extensa. En efecto, el dios de dioses preside la mayor parte de los sucesos mitológicos y, como después veremos, aparece prácticamente en todas las narraciones. Quizá los hechos más destacables de su propia historia sean las innumerables aventuras amorosas que tuvo con sus esposas y amantes, divinas unas y mortales otras. El número de sus hijos —legítimos, ilegítimos y naturales— alcanzó la cifra de cincuenta, de ahí que casi todas las estirpes griegas lo consideren como su padre y fundador. Algunas de sus uniones destacan por sus trágicas consecuencias o por las circunstancias que rodearon a sus amoríos, pues Zeus empleó con frecuencia toda su gran astucia, presentándose bajo formas diversas —humanas, animales, o naturales— para conseguir sus propósitos. Veremos a continuación las más significativas.

Calisto. Calisto era una ninfa del cortejo de Ártemis. Tanto la diosa como sus ninfas debían observar una estricta castidad. Zeus dio en enamorarse de esta doncella y para acceder a ella tomó la forma de la propia Ártemis. Calisto quedó embarazada  de Zeus y tuvo un hijo conocido como Arcas o Arcade. Antes de dar a luz fue descubierta por Ártemis cuando se desnudó para darse el baño acostumbrado en compañía de la diosa. Ártemis al percatarse del estado de Calisto se enfureció y la expulsó de su séquito. No está m uy claro cómo pero el caso es que Calisto con el tiempo fue convertida (por Zeus o Ártemis o Hera) en osa. Un día Arcas, ya crecido, se fue de caza y se disponía a disparar sus venablos sobre una osa (Calisto) cuando Zeus, compadecido de la situación fijó a ambos en la bóveda celeste (catasterismo). Calisto quedó como la Osa Mayor y su hijo como la estrella Arturo (el guardián de la osa).

Antíope. En otra ocasión Zeus se enamoró de Antíope a la que sedujo en forma de sátiro. Comúnmente se representa a Zeus en forma de sátiro espiando los dulces sueños de Antíope.

Ío. lo fue amada por Zeus. Para librarla de la ira de su esposa, la celosa Hera, convirtió a su amante en vaca y se la entregó. Pero Hera encomendó su custodia a Argos, un personaje todo ojos (100), que incluso cuando dormía tenía abiertos cincuenta ojos: un formidable guardián. Hermes a petición de Zeus le consiguió dormir del todo con la flauta y después le cortó la cabeza. Hera, muy dolida, consagró los ojos de Argos y los colocó en las plumas de su ave: el pavo real. Más tarde Hera envió contra su rival un tábano que con sus picaduras la hizo huir hasta Egipto, donde recobrada su forma humana, dio a luz a Épafo.

Europa. En otra ocasión, para poder gozar de la doncella Europa, de la que se había enamorado, Zeus adoptó la figura de un toro y se acercó hasta la playa donde se bañaba la princesa fenicia. Ante la mansedumbre del animal, Europa montó sobre su lomo y Zeus la transportó por mar hasta Creta, donde nacieron Minos, Sarpedón y Radamantis.

Dánae. El dios supremo amó de forma espectacular a Dánae, hija de Acrisio, el rey de Argos. Este conoció por un oráculo que su destino era morir a manos de su nieto y, para evitarlo, encerró a su hija, todavía virgen, en una cámara subterránea recubierta de bronce. Pero Zeus, todopoderoso, penetró en ella convertido en una finísima lluvia de oro y la dejó embarazada. Nacido Perseo de esta unión su abuelo lo introdujo con su madre en un arcón y los arrojó al mar. Pasados unos años, el héroe mataría accidentalmente a su abuelo durante una competición deportiva, cumpliéndose así lo profetizado.

Alcmena. Tiempo después sintió Zeus una intensa pasión por Alcmena, esposa de Anfitrión. Durante la ausencia de éste, el supremo dios adoptó su figura y, debido al engaño, la diosa se acostó con él. Para alargar el tiempo del goce erótico, Zeus triplicó la duración de la noche: el fruto de esta unión fue Heracles.

Leda. Zeus se enamoró de la princesa de Esparata Leda y la poseyó bajo la apariencia de un cisne. La misma noche Leda tuvo relaciones con su esposo Tindáreo. Al cabo de unos meses “puso dos huevos”: de uno (fecundado por Zeus) salieron Helena y Pólux; del otro (fecundado por Tindáreo) surgieron Clitemnestra y Cástor. Helena será famosa por haber sido raptada por Paris, hecho que motivó la Guerra de Troya. Cástor y Pólux son conocidos como los dioscuros (los niños de Zeus). Estos dos gemelos forman la constelación de géminis.

Ganimedes. De sus muchos amoríos sólo se le conoce una aventura homosexual: el troyano Ganimedes. Zeus lo raptó valiéndose de un águila, símbolo de la realeza; que elevó a su amado al Olimpo, donde pasó a ser el escanciador del néctar, bebida de los dioses.

Fotogalería: Zeus

La galería de imágenes está vacía.